1. Identificación de oportunidades de mejora
Con apoyo de un servicio de asesoramiento energético para empresas, es recomendable revisar los equipos e instalaciones para localizar oportunidades de mejora. Hay que establecer objetivos cuantificables y medibles que sean susceptibles de comparación cuando el plan lleve un tiempo en marcha, así como realizar un análisis del consumo energético global y sectorial.
2. Renovación de maquinaria
Este suele ser el punto más ambicioso, dado que la inversión necesaria es sustanciosa (de ahí que habláramos de las subvenciones públicas).
Para medir el consumo de cada parte en la cadena productora, se recurre al estándar OEE (Eficiencia General de los Equipos, por sus siglas en inglés), por lo general.
3. Aislamiento térmico de las instalaciones
La pérdida de calor-frío es uno de los principales desafíos que afronta este sector dentro del tema que abordamos.
Hay que actuar sobre distintos elementos, como la protección contra incendios, las puertas y ventanas o las chimeneas. Otros, como los conductos de ventilación o las tuberías, requieren una renovación todavía más profundizada.
4. Incorporación de energías renovables
En la actualidad, las dos fuentes más recurridas son la solar fotovoltaica y la eólica. La primera es la más empleada por la mayor capacidad de aprovechamiento del espacio. La clave está en reducir el consumo de energía primaria no renovable a la vez que se sustituye por una alternativa eficiente.
5. Elaboración de una auditoría energética
El último paso es llevar a cabo una auditoría energética, en los mismos términos que la primera. Esta servirá para dos cuestiones principales:
- Comparar los resultados de consumo obtenidos con los del primer análisis, antes de implementar las medidas.
- Corroborar si se han cumplido los objetivos, en qué grado se ha hecho y cuánto queda por hacer de los no alcanzados.