Cuándo NO usarlo
Hay situaciones en las que el control de crucero no ahorra combustible y, además, puede restarte capacidad de reacción. En ellas, conviene desactivarlo.
Carreteras con muchas pendientes o puertos de montaña
Como ya hemos visto, el control de crucero no gestiona bien las pendientes pronunciadas. En subidas y bajadas el sistema reacciona, pero no anticipa.
Para mantener la velocidad fijada, acelera con fuerza en las rampas y, en los descensos, puede no aprovechar la inercia ni la retención del motor. Conduciendo tú, puedes levantar el pie antes de coronar una cuesta y dejar que el coche ruede, lo que reduce el gasto.
Lluvia intensa, nieve o hielo
Aquí la razón es puramente de seguridad. Con el asfalto mojado, nevado o helado, el riesgo de que las ruedas pierdan tracción es mucho mayor. Si el coche sufre un aquaplaning (pierde el contacto con el asfalto por una capa de agua), el sistema de crucero puede interpretar que el vehículo está perdiendo velocidad e intentar acelerar, lo que agravaría de forma drástica la pérdida de control. Con cualquier condición meteorológica adversa, el control de crucero debe quedar desactivado.
Tráfico denso o ciudad
El control de crucero no está pensado para la conducción urbana ni para vías con retenciones frecuentes. Las continuas aceleraciones y frenadas anulan cualquier ahorro de combustible y, además, requieren una atención constante para desactivar el sistema a tiempo.
Incluso el control de crucero adaptativo, aunque más versátil en estos entornos gracias a la función Stop & Go, no está optimizado para el tráfico de ciudad y puede generar una conducción menos fluida de lo deseable.