Mito 1: Es peligroso cargar el coche eléctrico lloviendo o con tormenta
Esto es completamente falso. La imagen de agua y electricidad mezclándose genera una alarma comprensible, pero los sistemas de recarga están diseñados y certificados para funcionar bajo la lluvia con total seguridad.
Todos los conectores estandarizados (como el Mennekes de tipo 2, el más común en Europa) y los puntos de recarga deben cumplir con certificaciones de protección internacional IP54, IP55 o superiores. Estos estándares garantizan que los equipos están sellados contra el polvo y pueden soportar chorros de agua desde cualquier dirección sin que la electricidad pueda escapar al exterior.
Además, cuando conectas el cable a tu coche, la corriente no fluye de inmediato. Antes de que comience la carga, el cargador y el vehículo realizan una verificación electrónica (conocida técnicamente como handshake) en la que comprueban que la conexión es estanca y que no existe ninguna fuga. Solo cuando todo está correcto, el sistema libera el paso de la corriente.
Por otro lado, tanto el cargador como el propio coche disponen de un interruptor diferencial que corta la electricidad de forma instantánea ante la más mínima anomalía. En España, la instalación de puntos de recarga está regulada por el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión (REBT), concretamente por la instrucción ITC-BT-52, que obliga a que toda infraestructura de carga incorpore estas protecciones eléctricas.
En caso de tormenta eléctrica con rayos muy intensa, es preferible esperar a que pase antes de manipular el cable al aire libre. No porque el sistema no tenga protección contra sobretensiones, sino por precaución básica ante una situación meteorológica extrema.