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Tipos de radiadores para calefacción: ¿Cuál deberías elegir? 

Tipos de radiadores: ¿Cuál deberías elegir?

Elegir bien el radiador puede marcar una gran diferencia en tu factura de la luz cada invierno. No todos los tipos de radiadores para calefacción calientan igual, consumen lo mismo ni se adaptan a cualquier vivienda.

Por eso, en esta guía analizamos los tipos de radiadores para calefacción según su fuente de calor, su material o incluso su estética. Además, te damos claves para reducir el consumo con su uso continuado, sin preocuparte por subidas excesivas en el precio de la luz.

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Radiadores según su fuente de energía 

El primer factor que has de valorar es el combustible que utilizan. Este puede ser o no renovable y ecológico, otro hecho al que debes prestar atención.

De agua

Los radiadores de agua forman parte de un circuito cerrado conectado a una caldera o bomba de calor. El agua se calienta en el generador y circula por las tuberías hasta cada radiador, donde transfiere el calor a la estancia mediante convección y radiación. Una vez que se enfría, regresa al punto de origen para reiniciar el ciclo.

Su principal ventaja es la inercia térmica, ya que, al apagar el sistema, el agua del interior sigue caliente y continúa emitiendo calor durante un tiempo prolongado. Además, distribuyen el calor de forma uniforme, no resecan el ambiente y funcionan en silencio, ya que no utilizan ventiladores. Son especialmente eficientes cuando se combinan con calderas de condensación o sistemas de energía renovable como la aerotermia.

De gas

Funcionan con gas natural y están disponibles en multitud de formatos. Son capaces de generar calor y también ACS (agua caliente sanitaria).

De gasóleo

Utilizan gasóleo C, que lleva aditivos especiales para hacerlo compatible con las calderas. Es posible obtener más calor que con los anteriores, pero el precio es algo superior.

Eléctricos

Este tipo de radiadores es una opción estable y segura que recurre a la electricidad como fuente de energía limpia, por lo que no emite gases contaminantes de ningún tipo.

Radiadores según su material 

El material también es un factor determinante, tanto para su estética como para su eficiencia. A continuación, te mostramos los que más se venden en la actualidad.

De panel de acero

Están recubiertos por chapas de acero, un material de excelente conductividad térmica. ¿Qué significa esto? Pues que son capaces de emitir mejor el calor y también de mantenerlo durante más tiempo.

De aluminio

Está fabricado con láminas (o lamas) de menor grosor, con lo que se calientan todavía más rápido. Por otro lado, son más ligeros y tienen menos partes móviles, con lo que emiten menos ruido que los de panel de acero.

De hierro fundido

Este es el revestimiento más recomendable para quienes buscan un aparato con una elevada vida útil. Presentan una excelente resistencia a la corrosión y a la acción constante del calor.

tipos de radiadores

Radiadores según su temperatura 

¿Qué temperatura puede alcanzar un radiador? Hay dos tipos en función de hasta qué punto son capaces de calentar la estancia.

De baja temperatura

Funcionan con agua dentro de un sistema de calefacción central que distribuye el calor entre los emisores. El Reglamento (UE) 813/2013 de diseño ecológico define el régimen de baja temperatura por el agua de retorno a la entrada del calefactor generando 30 ºC en las calderas de condensación, 37 ºC en las calderas de baja temperatura y 50 ºC en el resto.

Convencionales

El resto de los radiadores (incluidos los de gas, de gasóleo y eléctricos) alcanzan temperaturas de hasta 70 ºC. Obviamente, son mejores para calentar estancias de mediano y gran tamaño, aunque requieren más energía.

Radiadores según su forma y estética 

Como no podía ser de otro modo, tampoco nos olvidamos del factor visual. A continuación, te presentamos los modelos que más destacan en este sentido y que se diferencian claramente de los formatos más tradicionales.

Radiadores clásicos y laminados

Todos los radiadores metálicos que vimos antes —de panel de acero, aluminio o hierro fundido— poseen un diseño bastante moderno y minimalista. Con tonos blancos y plateados, están dotados de láminas de entre cinco y siete centímetros de grosor.

Los modelos de hierro fundido, en cambio, suelen apostar por un acabado más clásico, con secciones acanaladas que aportan un toque vintage muy valorado en decoraciones de estilo industrial o retro.

Radiadores toalleros para el baño

Estos nunca han pasado de moda, y resultan ideales para el cuarto de baño. Mantienen sus prestaciones incluso en condiciones elevadas de humedad. Los encontrarás en versiones conectadas al circuito de agua de la calefacción o en versiones eléctricas, perfectas para baños donde no llega la instalación centralizada.

Radiadores de diseño o verticales

Los radiadores verticales han dejado de ser simples emisores de calor para convertirse en elementos decorativos de primer orden. Al aprovechar la altura de la pared en lugar del ancho, son la solución perfecta para espacios reducidos.

Su diseño favorece un efecto chimenea natural que permite una distribución rápida y homogénea del calor. Se fabrican en acero, aluminio o acero inoxidable y están disponibles en una gran variedad de colores y acabados —desde el blanco clásico hasta el cromado mate—, por lo que se adaptan con facilidad a cualquier estilo decorativo. Son compatibles tanto con instalaciones de agua como con sistemas eléctricos.

Radiadores según su instalación 

El tipo de instalación es el último aspecto que debes considerar, pues será indicativo de cómo de fácil resultará tenerlo. Más allá de esto, también te permite saber si podrás incorporarlo en tu vivienda.

Portátiles o independientes

Se enchufan directamente a la red eléctrica, por lo que son los más sencillos de instalar: no requieren ningún tipo de obra ni fontanería. Además, puedes cambiarlos de habitación sin ningún problema, lo que los convierte en una opción muy flexible para quienes viven de alquiler o solo necesitan calentar estancias puntuales.

Con conductos

Constan de un sistema dotado de una unidad emisora y una red de conductos que se distribuye por distintas estancias. Evitan que tengas que adquirir varios, aunque la instalación sí es compleja.

¿No lo tienes claro?

Con tantos tipos de radiadores disponibles, es normal que la elección se complique. Para simplificarlo, ten en cuenta estas tres preguntas clave antes de decidir:

  • ¿Cuánto tiempo pasas en casa? Si solo necesitas calefacción en horarios concretos, los radiadores eléctricos o de aluminio son los más ágiles. Si la vivienda está ocupada todo el día, los de agua o hierro fundido ofrecen un confort más sostenido.
  • ¿Tienes instalación centralizada? Si ya cuentas con caldera y tuberías, lo más eficiente es aprovechar esa infraestructura con radiadores de agua. Si no, los eléctricos portátiles son la alternativa más sencilla.
  • ¿El espacio es limitado? Apuesta por los radiadores portátiles, ya que no necesitan instalación fija, puedes colocarlos donde más los necesites y guardarlos cuando no los uses.

¿Qué tipo de radiador es más eficiente? 

Hemos visto un total de once tipos de radiadores con distintos materiales, fuentes de calor e incluso formas. Pero ¿cuál es el más eficiente? Conviene matizar una idea antes de responder: el rendimiento no lo marca el radiador, sino el equipo que genera el calor.

Para ordenarlos, tomamos como referencia el análisis de la OCU sobre la calefacción más eficiente y barata, que compara el coste anual de calentar una vivienda de 90 m² en zona climática D:

  • El eléctrico convierte en calor prácticamente toda la energía que consume, con un rendimiento cercano al 100 %.
  • El de agua depende de la caldera que lo alimente: con una caldera de gas de condensación, puede alcanzar hasta un 110 % de rendimiento sobre el PCI.
  • El de gasóleo ronda también el 100 % de eficiencia y calienta rápido.

¿Qué modelo elegir para mi hogar?

No existe un único radiador ideal para todas las viviendas. La mejor elección depende de varios factores combinados, incluyendo el tamaño de las estancias, el tipo de instalación que ya tienes, tus hábitos de uso y, por supuesto, tu presupuesto. Aquí te damos algunas orientaciones prácticas:

  • Piso con caldera de gas ya instalada: los radiadores de agua con panel de acero o aluminio son la opción más eficiente. Si tu caldera es de condensación, plantéate pasarte a modelos de baja temperatura.
  • Casa sin instalación centralizada: los radiadores eléctricos portátiles son la solución más práctica y económica a corto plazo. Los de tecnología seca (mica) alcanzan la temperatura de confort en cuestión de minutos.
  • Habitaciones de uso ocasional (habitación de invitados, despacho en casa): un radiador eléctrico independiente y programable es más rentable que extender el circuito central hasta esa estancia.
  • Baños: el radiador toallero —sea de agua o eléctrico— es la opción más funcional, ya que cumple dos funciones a la vez: calentar el espacio y mantener las toallas secas.
  • Salones o dormitorios con poco espacio en las paredes: un radiador vertical de diseño es la alternativa más inteligente para no sacrificar metros lineales de pared.

Consejos para reducir el consumo de tus radiadores 

Queremos darle una vuelta a la manera en la que vas a usar el radiador este año, sobre todo, cuando lleguen noviembre y diciembre. ¿Qué pautas debes tener en cuenta para que la factura de la luz no se dispare?

Evita cubrirlo con ningún textil

Dejar una toalla o una manta sobre el radiador para que se calienten mientras funciona parece inofensivo, pero no lo es. Al taparlo, bloqueas la circulación de aire que el propio aparato necesita para no sobrecalentarse, el calor se acumula en el tejido en lugar de repartirse por la estancia y, si el textil es inflamable, puede llegar a prender.

Por eso los fabricantes incluyen el símbolo «NO CUBRIR» y recomiendan mantener la ropa a un mínimo de 25 cm. Si quieres calentar toallas, usa un radiador toallero, el único emisor diseñado para ese uso.

Modera la temperatura uno o dos grados

Según el IDAE, cada grado de más en la vivienda dispara el consumo un 7 %. Prográmalo para que se encienda solo cuando vayas a estar en casa y apágalo por la noche, ya que dormirás igual de bien con 15-17 ºC.

Purgar los radiadores antes del invierno

Con el paso del tiempo, el aire se acumula dentro del circuito de agua y reduce la eficiencia del radiador, por lo que notarás que la parte superior se queda fría mientras la inferior calienta con normalidad.

Purgar los radiadores al inicio de la temporada —soltando el tornillo de purga hasta que salga agua sin burbujas— garantiza que funcionen al máximo rendimiento y no consuman energía de más.

Instala válvulas termostáticas para moderar la temperatura

Las válvulas termostáticas permiten regular la temperatura de cada radiador de forma independiente. Así, puedes mantener más calor en el salón y reducirlo en habitaciones que uses menos, evitando un gasto innecesario estancia por estancia. Su instalación es sencilla y la inversión se amortiza rápidamente en la factura del gas o la luz.

¿Has visto hasta qué punto puede ser ideal tener radiadores en casa? La amplia variedad de tipos que te hemos enseñado demuestra con qué facilidad se adaptan a tu vivienda y a tu estilo de vida. Si quieres ahorrar este invierno, además de comprarte un radiador eléctrico, consulta nuestras tarifas de luz y escoge la que más te convenga.

Preguntas frecuentes sobre tipos de radiadores

Depende de cómo uses la calefacción en casa. El aluminio se calienta muy rápido y es ideal si enciendes la calefacción en horarios concretos, ya que responde de inmediato. Su contrapartida es que también se enfría enseguida cuando apagas la caldera.

El hierro fundido, en cambio, tarda más en calentarse, pero una vez que lo hace acumula el calor y lo libera durante horas, incluso con la caldera apagada. Es la mejor opción para viviendas con gente dentro a lo largo de todo el día o en climas muy fríos donde se necesita una temperatura constante y duradera.

Sí, pero no es recomendable hacerlo sin tomar precauciones. Al combinar metales distintos en un circuito por el que circula agua, se produce un fenómeno electroquímico llamado par galvánico en el que el agua actúa como conductor entre los dos materiales y provoca una corrosión acelerada, especialmente en el aluminio.

Lo más aconsejable, si vas a hacer una instalación nueva, es unificar el material en todo el circuito.