Baterías de iones de litio
Las baterías de iones de litio son hoy la tecnología predominante en los coches eléctricos. Su alta densidad energética permite recorrer muchos kilómetros con un peso razonable, y por eso son la opción mayoritaria en turismos eléctricos. Esto significa más autonomía con el mismo peso.
Además, mantienen un buen rendimiento en climas fríos (conservan en torno al 80 % de su capacidad a -10 °C) y admiten cargas rápidas en corriente continua que permiten pasar del 10 % al 80 % en unos 30 minutos.
Sin embargo, tienen algunos inconvenientes. Utilizan materias primas como el cobalto y el níquel, que son costosas y sujetas a volatilidad geopolítica. Su estabilidad térmica es menor que la de otras químicas, lo que exige sistemas de gestión térmica más sofisticados. Además, para preservar su vida útil, los fabricantes recomiendan no cargarlas al 100 % de forma habitual en el día a día.
Son la opción elegida por los fabricantes para vehículos de gama media-alta y modelos de gran autonomía, donde cada kilo cuenta y se necesita el máximo rendimiento posible.
Dentro de esta familia, diferenciamos distintos tipos:
- Las más habituales son NMC (con níquel, manganeso y cobalto), que ofrecen mayor densidad energética,
- LFP (con fosfato de hierro), que destaca por su coste y durabilidad.
Baterías LFP (Fosfato de Hierro y Litio)
Dentro de la familia del litio, destacamos las baterías LFP, o baterías de litio ferrofosfato o LiFePO₄ frente a las NMC.
Las baterías LFP no contienen cobalto ni níquel, lo que las hace entre un 20 % y un 30 % más baratas de fabricar. Su densidad energética es algo inferior (entre 180 y 210 Wh/kg), se traduce en menos autonomía o en paquetes más pesados, pero compensan con creces en otros aspectos:
- Seguridad excepcional: su estructura química es muy estable térmicamente, lo que hace que se reduzca en gran medida el riesgo de incendio.
- Vida útil muy larga: toleran muchos ciclos de carga y descarga con poca degradación.
- Puedes cargar al 100 % sin preocuparte: a diferencia de las NMC, las LFP toleran perfectamente llegar al 100 % de carga de forma habitual sin que su salud se resienta.
Su principal punto débil es el rendimiento en climas muy fríos, donde pueden perder entre un 20 % y un 30 % de autonomía si no se preacondiciona la batería. Por eso se usan mucho en modelos de acceso y en uso urbano o diario.