¿Por qué sube el precio de la luz?
El precio de la luz que paga el consumidor en España, y en el resto de Europa, depende, sobre todo, del coste de generar electricidad en cada momento, de los peajes/cargos regulados y de los impuestos aplicados en la factura.
Estos son algunos de los factores más relevantes que influyen en el precio de la luz:
Precio del gas natural (y del mercado internacional de energía)
Aunque la generación renovable ha aumentado significativamente en los últimos años, el gas natural sigue siendo uno de los combustibles más utilizados para generar energía. Las centrales de ciclo combinado suelen marcar el precio del mercado mayorista en muchos momentos del día, especialmente cuando la producción renovable no es suficiente para cubrir la demanda.
Por este motivo, el precio internacional del gas natural continúa teniendo un impacto directo en el coste final de la electricidad. Así, el mercado sigue sensible a:
- La disponibilidad global de gas natural licuado (GNL).
- Los niveles de almacenamiento en Europa.
- La demanda de otros grandes consumidores energéticos.
- Los costes logísticos.
Demanda de los consumidores y episodios meteorológicos extremos
Cuando hay cambios bruscos de temperatura, como olas de calor o frío, la demanda eléctrica aumenta debido al uso de aparatos como el aire acondicionado o la calefacción. Esto provoca que las distribuidoras de energía tengan que generar más… Y eso, a su vez, incrementa los costes de producción y el precio final de la electricidad.
Además, el consumo eléctrico suele concentrarse en determinadas horas del día. A partir de la tarde y especialmente durante la noche, cuando muchos hogares coinciden en su consumo energético, el precio de la electricidad puede ser más elevado que en las horas de madrugada.
Coste de las emisiones de CO₂ (EU ETS)
Las centrales eléctricas que utilizan gas y carbón tienen que pagar por las emisiones de CO₂ que generan dentro del sistema europeo de comercio de emisiones (EU ETS), un mecanismo que busca incentivar la transición hacia energías más limpias encareciendo progresivamente las tecnologías más contaminantes.
Cuando el precio de estos derechos de emisión aumenta, el coste de producción de estas centrales también se incrementa. Las generadoras han de hacer frente a más gastos para producir energía y esto, al final, también repercute en el precio que pagamos por la luz.
Contribución de las renovables en el precio final
Las energías renovables, como la solar, la eólica o la hidráulica, tienen un coste de generación más bajo que otras tecnologías. Por eso suelen entrar primero en el sistema eléctrico cuando se establece el precio en el mercado mayorista.
Cuando la producción renovable es alta, el precio de la electricidad suele moderarse. Sin embargo, hay momentos en los que su generación disminuye debido a factores naturales.
- Periodos con poca lluvia reducen la generación hidráulica.
- Falta de viento limita la producción eólica.
- Al atardecer cae la producción solar justo cuando aumenta el consumo.
En esas horas aumenta la necesidad de tecnologías más caras (p. ej., gas), y el precio puede repuntar.
Peajes, cargos, redes e impuestos
Una parte de la factura no depende del precio del mercado mayorista. Incluye:
- Peajes y cargos regulados: destinados a mantener las redes eléctricas y el sistema.
- Impuestos: que han ido cambiando en los últimos años.
Tras las medidas temporales aplicadas entre 2021 y 2024 (rebajas fiscales condicionadas), a partir de 2025 se eliminó la medida del IVA reducido, volviendo de nuevo al 21 %. El 21 de marzo de 2026, y ante la escalada de tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el Gobierno volvió a reducir el IVA al 10 % mediante el Real Decreto-ley 7/2026.
Sin embargo, dicha reducción incluía una cláusula de desactivación automática si el IPC de la electricidad y el gas en abril no superaba en más de un 15 % el del mismo mes del año anterior, las rebajas quedarían sin efecto a partir del 1 de junio. Al haberse contenido los precios, desde el 1 de junio de 2026 el IVA ha vuelto al tipo general del 21 % y el Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE) ha recuperado su tipo ordinario del 5,11 % (desde el 0,5 % reducido). Esto se estima que puede suponer un incremento de entre 10 € y 20 € mensuales para un hogar medio.
Por otro lado, la suspensión del Impuesto sobre el Valor de la Producción de Energía Eléctrica (IVPEE) se mantiene vigente hasta el 30 de junio de 2026, al no cumplirse las condiciones de desactivación anticipada para este tributo.
Seguridad y estabilidad de la red eléctrica
Tras el gran apagón que afectó a la península ibérica el 28 de abril de 2025, la red eléctrica española ha operado en un "modo de operación reforzada" para garantizar la seguridad del suministro. Este esfuerzo ha generado costes adicionales significativos: los llamados "servicios de ajuste del sistema" han llegado a representar hasta el 28 % del término de energía en la tarifa regulada (PVPC), con un sobrecoste estimado de unos 30 € anuales para un hogar medio.
Además, la Comisión Europea aprobó en mayo de 2026 un plan del Gobierno español de 9.000 millones de euros durante diez años para garantizar la capacidad del sistema y evitar nuevos apagones, cuyos costes se repercutirán progresivamente en la factura de los consumidores.
Conflictos internacionales
El mercado energético está muy influido por el contexto geopolítico global. Las tensiones a nivel global pueden afectar significativamente la seguridad del suministro energético y la logística internacional.
Cualquier interrupción en las cadenas de suministro de combustibles, como el gas natural licuado (GNL), o la inestabilidad en regiones productoras de energía, genera incertidumbre en los mercados, lo que se traduce en un aumento de los costes y, consecuentemente, en el precio final de la electricidad para el consumidor.
Cambios regulatorios (PVPC/mercado regulado)
En España, muchos consumidores tienen contratado el precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC), que es la tarifa regulada vinculada al mercado mayorista.
En los últimos años se han ido introduciendo ajustes para reducir la volatilidad, incorporando progresivamente referencias a precios a plazo (futuros) además del precio horario. Esto puede suavizar picos, aunque no elimina la variabilidad.
Por otro lado, el mercado libre permite al consumidor protegerse de esta volatilidad al ofrecer las compañías comercializadoras un compromiso de mantenimiento del precio de la energia durante un periodo largo, mínimo de un año.