Híbridos enchufables (PHEV)
Los híbridos enchufables combinan un motor de combustión con uno o dos motores eléctricos y disponen de una batería que se puede recargar en un punto habilitado, ya sea en casa o en una electrolinera. Ofrecen una autonomía eléctrica de unos 100 kilómetros de media, lo que los convierte en una opción muy versátil para quienes combinan trayectos urbanos cortos con desplazamientos más largos.
Su mayor ventaja es la flexibilidad. Si la batería se agota, el motor de combustión toma el relevo. El inconveniente más señalado es el coste de la recarga, aunque puede compensarse con un ahorro estimado de hasta 900 € anuales en combustible.
Vehículos híbridos (HEV)
Los coches híbridos convencionales integran un motor de combustión y un motor eléctrico, pero este último no se puede recargar desde la red, sino que se alimenta de la energía recuperada durante la conducción y el frenado.
Un controlador interno monitoriza el consumo en tiempo real y decide en cada momento cuál de los dos motores actúa, lo que permite permanecer en modo eléctrico durante buena parte del trayecto urbano y reducir el consumo de combustible. Como punto negativo, sus costes de mantenimiento pueden ser más elevados que los de un vehículo convencional.
Eléctrico con autonomía extendida (E-REV)
Este tipo de vehículo utiliza exclusivamente el motor eléctrico para moverse, pero incorpora un pequeño motor térmico y un depósito de gasolina que actúa como generador para recargar la batería cuando esta se agota.
La clave está en que los dos motores nunca trabajan a la vez. El térmico nunca transmite tracción a las ruedas, solo genera electricidad. Esto lo diferencia claramente de los híbridos y lo acerca a la experiencia de conducción de un BEV, pero con mayor autonomía total. Su principal desventaja es el precio, más elevado que el de un eléctrico puro, aunque la menor dependencia de los puntos de recarga puede compensarlo a medio plazo.